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¿GOLPEAR PARA EDUCAR?

31 Dec 69 - 18:00

Hasta hace poco pegar a un niño, darle un cachetada, un manotazo, un pellizco, o incluso darle un zape, era visto como algo normal por la sociedad de un modo general. Durante años, el pegar era parte de la rutina de la mayoría de las familias y escuelas. Muchos padres de hoy ya no se recordarán de las cachetadas que les dieron sus padres, porque si lo hiciesen verían que no les han servido de nada, no les han educado, solo les han enseñado a tener miedo.

Pese a que los psicólogos repitan una y otra vez que a la violencia no se justifica, y menos aún cuando es dirigida a un ser indefenso y que está en inferioridad de condiciones tanto físicas como intelectuales, que pegar a los hijos es muchas veces un desahogo o el camino más corto para los padres que no saben o no pueden educar, muchos padres siguen insistiendo en ello.

Pediatras del hospital Gutiérrez, en Buenos Aires, Argentina, realizaron un estudio entre las familias de niños de entre 1 y 5 años de edad, que estuvieron hospitalizados, y llegaron a la conclusión de que el 68 por ciento de ellas todavía sigue utilizando la cachetada como método de disciplina con sus hijos. No sólo entienden que el castigo físico es sinónimo de disciplina sino que muchos reproducen su propia historia. El 41 por ciento de los padres admitió que habían sido educados a los golpes.

Pegar es educar?

Pegar sólo enseña el niño a tener miedo

Aunque la mayoría de los padres no ha podido controlarse y dieron una cachetada a su hijo, pegar para educar no es la solución. Para los psicólogos no es efectivo ni la famosa "cachetada a tiempo", dado para asustar y alertar al pequeño. A los niños no se les puede educar a golpes.

Al pegar, cachetear, pellizcar o tirar del cabello a un niño por portarse mal, solo les enseñan a tener miedo a que vuelvan a pegarle, pero no les hacen reflexionar, entender y reconocer que lo que hizo estaba mal. Por ejemplo, cuando se enseña a un niño a comer despacio, se le explica que si come rápido puede dolerle la tripita, y no que "si no comes bien, te pego". Cuando este niño no esté vigilado por su padre o su madre, hará lo que le de la gana. Los psicólogos que participaron en el estudio coinciden que cuando los padres llegan a dar en la nalga de su hijo es porque no han conseguido enseñarle los límites con razonamiento y lógica. No han tenido la paciencia ni la persistencia suficientes para hacerlo. Tal vez no crean que estas vías son posibles y menos aún si su hijo es pequeño.

Según la guía de la Asociación Americana de Pediatría, un bebé de menos de 18 meses no entiende la conexión entre una cachetada y el mal comportamiento. Agresión, maltrato, así como los golpes de todo orden, solo generan secuelas en el plano psicológico de los pequeños que, más tarde o temprano pueden presentar problemas como reacciones violentas y agresivas, incapacidad para defenderse, baja autoestima, dificultades para relacionarse, falta de comunicación con sus padres, la mentira para evitar el castigo, etc. Se sentirán y serán siempre víctimas de la mala educación de sus padres.


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